Es una de las preguntas que más se repiten entre quienes empiezan a preparar el FIR: ¿cuántas preguntas tengo que acertar para conseguir una plaza?
La respuesta rápida es que no existe un número fijo de aciertos que garantice una plaza FIR. Y aunque pueda parecer una respuesta poco concreta, entender por qué es así es importante para plantear bien la preparación.
En el FIR no compites contra una nota de corte establecida de antemano, sino por conseguir una posición suficientemente alta en relación con el resto de aspirantes y con el número de plazas disponibles.
¿Cómo se puntúan las preguntas del FIR?
El examen FIR consta de 200 preguntas oficiales más 10 de reserva. Cada pregunta tiene cuatro opciones de respuesta y solo una es correcta.
Además, las respuestas incorrectas penalizan, mientras que las preguntas que se dejan en blanco no suman ni restan. Por tanto, no es lo mismo acertar 140 preguntas cometiendo pocos errores que acertar 140 y haber fallado muchas más.
Esto hace que contar únicamente el número de aciertos no sea suficiente para saber cómo estamos rindiendo.
Por ejemplo, imaginemos dos simulacros:
- Persona A: 140 aciertos, 30 errores y 30 en blanco.
- Persona B: 140 aciertos, 50 errores y 10 en blanco.
Aunque ambas hayan acertado 140 preguntas, su puntuación será diferente.
Por eso, cuando analizas tus resultados, es mucho más útil mirar aciertos, errores y preguntas en blanco en conjunto.
Entonces, ¿cuántas preguntas hay que acertar para conseguir plaza?
Aquí está la cuestión importante: no hay una cifra mágica.
El número de aciertos que necesitas puede variar de un año a otro dependiendo de diferentes factores: la dificultad del examen, el rendimiento de los aspirantes, el número de plazas convocadas y el nivel general de la convocatoria.
Además, la puntuación del examen no es el único elemento que interviene en la posición final, ya que el expediente académico también tiene peso en el resultado.
Por eso, preguntas como “¿con 130 aciertos tengo plaza?” o “¿necesito llegar a 150?” no tienen una respuesta universal.
Una determinada puntuación puede ser muy buena en un simulacro y, sin embargo, quedarse corta en otro contexto. Lo importante no es perseguir un número concreto, sino mejorar tu rendimiento de forma progresiva.
¿Qué deberías mirar entonces en tus simulacros?
Si estás preparando el FIR, tus simulacros son mucho más que una prueba para comprobar cuántas preguntas has acertado.
Son una herramienta para saber cómo estás evolucionando y qué necesitas mejorar.
Después de cada simulacro, intenta analizar:
- ¿Cuántas preguntas acierto?
Evidentemente, los aciertos son importantes. Te permiten comprobar si tus conocimientos están aumentando y si eres capaz de reconocer los conceptos que has estudiado.
Pero no te quedes únicamente con este dato.
- ¿Cuántas preguntas fallo?
Los errores pueden enseñarte muchísimo.
No es lo mismo fallar porque desconocías completamente el concepto que fallar una pregunta que dudaste entre dos opciones. Tampoco es lo mismo equivocarse por no leer correctamente el enunciado que cambiar una respuesta correcta por otra incorrecta.
Conocer por qué fallas es casi tan importante como saber cuánto fallas.
- ¿Cuántas dejo en blanco?
Las preguntas que dejas sin contestar también aportan información sobre tu estrategia de examen.
A medida que avance la preparación, tendrás que aprender a gestionar las dudas y decidir cuándo merece la pena arriesgar y cuándo es mejor dejar una pregunta sin responder.
- ¿Estoy mejorando respecto a simulacros anteriores?
Este es probablemente uno de los datos más interesantes.
Si hace unos meses obtenías determinados resultados y ahora consigues mejorar tus aciertos, reducir errores o enfrentarte mejor a preguntas difíciles, estás avanzando.
No todos los simulacros tienen exactamente la misma dificultad y, además, tu nivel de preparación va cambiando durante el año. Por eso, una evolución positiva es mucho más significativa que un resultado aislado.
¿Y qué pasa si ahora mismo estoy lejos de los aciertos que quiero?
No te preocupes demasiado por el resultado de los primeros simulacros.
Al principio de la preparación es completamente normal encontrarse con preguntas que todavía no sabes responder. El objetivo de los simulacros no es demostrar desde el primer día que estás preparado para conseguir una plaza.
Precisamente sirven para entrenar.
A medida que avances, irás incorporando conocimientos, aprendiendo a reconocer conceptos importantes, mejorando tu técnica tipo test y familiarizándote con el formato del examen.
Por eso, un simulacro que hoy parece “malo” puede convertirse en una herramienta muy útil si después dedicas tiempo a revisar qué has fallado y por qué.
El objetivo no es acertar X preguntas, sino llegar preparado
Es tentador establecer una cifra como objetivo: “quiero llegar a 140 aciertos”, “necesito superar los 150”…
Tener objetivos puede ser motivador, pero convertir una cifra concreta en una obsesión puede llevarte a interpretar mal tu evolución.
El objetivo real es conseguir que, cuando llegue el día del examen, seas capaz de sacar el máximo rendimiento posible a todo lo que has trabajado durante los meses de preparación.
Eso implica dominar los conceptos importantes, reconocer preguntas tipo FIR, gestionar los errores, controlar el tiempo y mantener la concentración durante todo el examen.
En FIRWay, los simulacros forman parte de la preparación precisamente para entrenar estas habilidades y acostumbrar al alumno a enfrentarse a un examen con el mismo número de preguntas y una exigencia similar a la del FIR real.
Entonces, ¿qué número de aciertos debería buscar?
La respuesta más útil es: el máximo número de aciertos posible, con una estrategia de examen que minimice los errores innecesarios.
No necesitas saber desde el principio cuántas preguntas tendrás que acertar para conseguir tu plaza. Necesitas trabajar para que, simulacro tras simulacro, tu rendimiento sea cada vez mejor.
Porque al final, el FIR no se gana por haber alcanzado una cifra mágica de aciertos durante la preparación.
Se gana llegando al examen con el conocimiento, la técnica y la confianza necesarios para sacar tu mejor resultado ese día.
Y esa es precisamente la razón por la que, durante la preparación, merece mucho más la pena preguntarte “¿por qué he fallado esta pregunta y qué puedo hacer para no volver a fallarla?” que limitarte a mirar cuántas has acertado.